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Banco busca granja

17/04/2014 - 13:17 | Javier Guzmán, director de VSF Justicia Alimentaria Global.

En la década pasada, fundamentalmente desde el 2008 hemos vivido recurrentes crisis alimentarias con consecuencias dramáticas para millones de personas en el mundo. Uno de los factores que explican estás crisis es sin duda las subidas artificiales de los precios de alimentos básicos ligados al fenómeno de la especulación alimentaria. Según una estimación del Banco Mundial, el aumento de precios de los productos alimentarios básicos y el petróleo en 2007 y 2008 hicieron que el número de víctimas de la pobreza extrema aumentase entre 130 millones y 150 millones.

Bancos, fondos de inversión convirtieron granos y alimentación básica en productos financieros sofisticados, como los derivados, con los que especular y aumentar ganancias.

En aquel momento la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la alimentación) publicó una investigación sobre las causas de esta crisis alimentaria. La conclusión del informe era clara: especuladores internacionales provocaron una enorme burbuja en el mercado mundial de alimentos. Se trataba de un tipo de inversión única en cuanto a seguridad y rentabilidad esperada. El volumen y velocidad de la burbuja fue inédita. Un estudio realizado por Lehman Brothers (justo antes de su bancarrota) reveló que el volumen de especulación en fondos índice (uno de estos instrumentos fi­nancieros a los que nos referimos) aumentó un 1.900% entre 2003 y marzo de 2008. Morgan Stanley estimó que el número de contratos pendientes en futuros de maíz pasó de 500.000 en 2003 a casi 2,5 millones en 2008.

Fue la década donde más virulentamente se manifestó el fenómeno de la financiariazación de la agricultura y la alimentación.

Este proceso ha tenido un impacto devastador en la distorsión de mercados, precios y efectos desmesurados en la agricultura campesina y en el derecho a alimentación. Esta incursión del mundo financiero en la agricultura no se ha parado sino que continúa debido a la insuficiencia de las regulaciones por parte de los gobiernos involucrados y la propia Unión Europea. Pero ahora además evoluciona y ya tenemos aquí la nueva versión que se expresa en la inversión directa en la compra de tierra, no para producir, sino simplemente para arrendar, especular o mantener valor.

En dos países clave de esta nueva economía financiera como son Alemania o Estados Unidos, se está viviendo esta nueva ola, que se evidencia su total contradicción con la economía real.

Por un lado, debido a las desregulaciones y globalización de la alimentación, las rentas de los agricultores cada vez están bajando más, en España por ejemplo en los últimos 20 años se ha reducido un 17%, cada vez están desapareciendo mas explotaciones agrícolas familiares, los márgenes son más estrechos, desaparecen las ayudas a agricultores activos y sin embargo vivimos un aumento espectacular de los precios de la tierra agrícola. En Alemania, el año 2012 aumentó el precio medio por hectárea un 45%, ascendiendo a 14.424 euros, mientras que en 2008, el precio era de 9.955 euros. En este sentido, los precios de las tierras están subiendo un 9,71% anual o, y en términos acumulados, un 44,9%. En Estados Unidos, podemos ver ejemplos como que el precio promedio por hectárea de tierra de Iowa aumentó un 60% entre 2007 y 2012 , y los alquileres han subido al mismo ritmo .

Por tanto es claro que no se trata de una fiebre compradora desde los propios productores, pero tampoco desde las grandes multinacionales del agronegocio que controlan a nivel mundial la alimentación, como Monsanto o Cargill, sino las divisiones de inversión de grandes bancos y fondos de inversión.

En EEUU, según señala un estudio del Instituto Oakland, uno los grandes inversores es UBS Agrinvest, perteneciente al todo poderoso banco suizo UBS, uno de los que están implicados en la creación de los derivados financieros de alimentación, pero ahora cambia de estrategia « En lugar de apostar sus ganancias en los precios de las materias primas que puedan subir o bajar , Agrivest prefiere el ingreso predecible que proviene de alquiler a los inquilinos , por lo general a través de contratos de arrendamiento que duran uno a cinco años .

Esta situación está haciendo aparecer viejas reliquias del pasado como son las figuras improductivas y especuladoras como son los rentistas, los corredores de tierras o los  intermediarios en la venta de las materias primas.

El informe señala que en los próximos 20 años, casi la mitad de las tierras agrícolas de los Estados Unidos estará a la venta debido al envejecimiento de los agricultores. Hasta la fecha el fenómeno no ha hecho más que empezar, solo el 1% de las tierras está en manos financieras, dicen que por ahora hay pocas tierras que comprar, pero la oferta está creciendo a ritmos agigantados a medida que se van jubilando los agricultores,

En nuestro país este proceso aún no es comparable, los precios de las tierras aunque han crecido en los últimos 20 años no manifiesta actualmente un cambio abrupto de tendencia, pero esto no quiere decir que no pueda acabar pasando en el corto plazo o ¿Pensamos que el incremento de líquido de países ricos de Europa no acabará enterrado en las tierras de los países periféricos como el nuestro?. Más teniendo en cuenta nuestra crítica tasa de envejecimiento de nuestra población agrícola (Solo un 10% de nuestro agricultores tienen menos de 40 años). Esta sustitución de agricultores por rentistas financieros ya está en marcha, y podemos intuir que creará impactos de incalculables consecuencias en nuestro sistema alimentario, como aumento de precios de alimentos, inflación o problemas de seguridad alimentaria. Sin embargo, nadie parece oponerse al sistema financiero cuando han encontrado un nuevo filón.

Aún estamos a tiempo de impedir que este arroyo se convierta en un enorme caudal devastador y por ello es necesario que cuanto antes se activen medidas y regulaciones específicas para el control de la adquisición directa o indirecta de tierras agrícolas por inversores que no se dedican a la agricultura, tanto nivel estatal como europeo.

De otro modo, ¿serán los bancos los que hagan frente al desafío global de la alimentación?

Javier Guzmán es director de VSF Justicia Alimentaria Global.